cedula

cedula de ciudadania

Cuenta la leyenda… que otrora época no muy lejana, en los poblados la institucionalidad hacia presencia; un alcalde, un tesorero, un juez, un registrador, la maestra del pueblo, los correos, la enfermera, el cura y el sacristán.

En la registraduría las modestas oficinas lo básico tendrán y dentro de sus herramientas lo usual una camarita, instrumento para medir un liston de madera debidamente marcado por el mismísimo funcionario  y calibrad0 con un cartabón de modistería un poco ajado que aseguraba la precisión,  rodillo con grasa negra para huella dactilar y máquina de escribir.

Llegar a sus oficinas para una cedula tramitar, emocionante momento de alcanzar la nacionalidad, todo el andamiaje listo esta, por allí aun lo digital ni en proyecto se logra visualizar, al parque buscando luz para un mejor ángulo encontrar, y los diez dedos negros y grasosos están, su marca indeleble que algunos días durará y sin zapatos para una mayor exactitud la estatura medirán, con ojo clínico el funcionario muy amablemente preguntará que señas particulares se debe registrar. En una gran cartulina sus datos se consignaran y a la capital enviaran, los correos nacionales el tramite seguirá y en unos meses la cédula llegará.

Días y meses de ansiedad, la agilidad el fuerte no será, lo que allí ha de aparecer ya nadie lo cambiara, el documento urgente pronto las elecciones vendrán, porque al pobre viejito que tres veces lo ha de intentar por caridad con mi voto esta vez hay que apoyar, un gallo fino su contendor será y aunque todos dicen que cuando López habla el pueblo escucha en esta ocasión sordos se han de mostrar y en dura contienda Belisario le ha de ganar y en la presidencia  el siete de agosto se posesionara.

Y llega la anhelada fecha, en las manos cedula de ciudadanía hay que revisar y con gran sorpresa exclamar – ¡pero señor registro que es esta falsedad! – Mis ojos no lo pueden creer y él me ha de interrogar – ¿y que le ha quedado mal? –   yo entre sollozos le he de contestar – la estatura un par de centímetros menos usted me hubo de escribir, en la cartulina institucional del puesto de salud graduada con el cartabón de misia Triana Araus , la enfermera un metro con cincuenta en el carnet con su puño y letra lo ha de escribir  y este cartón errado esta y para la armada nacional esa medida no me ha de servir – , con gran preocupación el funcionario me ha de indagar sobre la estatura que tal institución exigiendo esta. Yo aun sin reponerme de tal golpe a mi vanidad, le he de manifestar que… no sé cuánto será, pero 1.48 para nada ha de servir. Para muchos una terquedad… que diferencia puede ser 2 centimetros de menos o de mas, y asi mi defensa les voy a presentar, » ¿ha ido usted al TIA o al LEY? o mas recientemente al EXITO o a cualquier almacen? y en los carteles siempre observar que mucho mas caro un elemento de 15.000 que el de 14.999 que ese encuentra en rebaja» he ahí la diferencia en la segunda cifra que mi estatura y mi orgullo han de mancillar, porque desde entonces por una cifra mi personalidad ha de quedar como una rebaja de almacen.

No valieron suplicas, ni refutar pruebas, ni buscar más allá, eso mide usted y ni un milímetro más,  y para colmo la foto tampoco ha de ayudar, porque si algo debo recalcar es que esa tampoco hizo honor a la realidad, menos mal el gobierno nacional ese documento hizo cambiar y aunque la estatura nunca me han de cambiar por lo menos la foto con nueva tecnología un poco alcanzo a mejorar.

Y fue así como mi ilusión de  entrar en la fuerza aérea Colombiana o a la armada nacional se pudo frustrar ya nunca un majestuoso uniforme militar lucire y en la bajita de petróleos me convertí, referente de amigos y compañeros de mi amada universidad.